Amor
Hay un amor extraordinario que lo cambia todo. No es un amor pasajero, ni condicionado.
¿Cómo llamar a ese amor?
Es el amor de Dios. Amor ágape
Un amor que decidió hacerse cercano.
Jesús no se quedó distante… se hizo hombre, caminó entre nosotros
En Juan 1:14 leemos “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…”
En la cruz, no solo hubo dolor físico.
Hubo algo más profundo:
todo nuestro pecado fue puesto sobre Él.
En Isaías 53:5-6 dice “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”
Cada error, cada caída, cada pecado… Él lo cargó.
No porque lo mereciéramos,
sino porque nos amó.
Romanos 5:8 — “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Murió en nuestro lugar.
Pagó el precio y a través de ese sacrificio, nos regaló lo que nunca podríamos ganar por nosotros mismos:
salvación y vida eterna.
Juan 3:16 — “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna”
Su amor no terminó en la cruz.
Él no nos dejó solos.
Juan 14:16 — “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre”
Hechos 1:8 — “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…”
Ese mismo Espíritu nos fortalece,
nos transforma
y nos impulsa a hablarle a otros de este amor que hemos recibido.
Su gran amor
nos restaura.
2 Corintios 5:17 — “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…”
Nos da una nueva identidad, somos hijos de Dios
hay algo mayor que la identidad de ser hechos hijos de Dios? no hay título más grande que este.
Y como si fuera poco, nos dice en Juan 14
No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. 5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? 6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. 7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.
Entonces, un día regresará. CRISTO VIENE.
Estás aquí hoy porque Su voluntad es perfecta.
Hoy es el día para entregarle tu vida a Jesús. Con tus propias palabras, entrégale tu corazón y cuéntale cómo te sientes, qué piensas, todo lo que hay en ti. Sé que Él te escucha, porque uno de los atributos que definen a Dios es que es omnipresente; es decir, está presente en todo lugar.
Dios es real, y no puedo dejar de recordarte que te ama y desea tener una relación contigo.
Pensemos un momento:
¿Crees que Él solo murió para darnos vida eterna? Yo no lo creo.
Creo que Su plan principal es que tengamos una relación cercana e íntima con Él; que cada mañana podamos hablarle, contarle nuestros planes, nuestros sueños y nuestros anhelos. Que disfrutemos de Su presencia, no solo en un tiempo de oración o alabanza, sino también en cada momento del día, adorándole con nuestra mente y nuestro corazón en todo lo que hacemos.
Esta es una invitación genuina. Practícala.
Dios te bendiga.
atte. key
Quiero leerte
Si este mensaje habló a tu corazón, me encantaría saber de ti.
Puedes dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo:
Estoy orando por cada persona que lee este devocional.
