El perdón
Hubo un momento muy especial en el que Dios me enseñó el poder del perdón. Al leer Mateo 6:14-15, Su Palabra confrontó profundamente mi corazón:
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”
En ese instante entendí que, como hija de Dios, debía perdonar a personas que sentía que me habían hecho daño.
No fue fácil… pero fue un paso necesario de obediencia.
Ese día viví algo que marcó mi vida: una libertad profunda. Fue como si una cadena se rompiera dentro de mí, por el poder transformador de Su Palabra.
El perdón no siempre cambia a la otra persona, pero si sana tu corazón.
Si te preguntas por qué debo perdonar? la respuesta es perdono porque fui perdonada.
No libero a otros, me libero yo.
Perdonar no siempre es fácil…
pero es necesario
A veces cargamos heridas, palabras, recuerdos…
y sin darnos cuenta, eso pesa en nuestro corazón.
Hoy quiero invitarte a perdonar
No porque la otra persona lo merezca,
sino porque tú mereces ser libre.
Perdonar no borra lo que pasó,
pero sana lo que quedó dentro de ti.
Dios te perdonó primero…
y en Él encuentras la fuerza para perdonar también.
Hoy suelta, entrega, perdona…
y deja que Dios sane tu corazón.
